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Enseñanzas

 
 
Las 613 Leyes 
 
 
 
 75/613 – El respecto de los jueces

Richard, Zeev Shlomo

 

”No denostarás á los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.” (Exodo 22:27)

 

Además del respeto de Dios y de los superiores (ver 76/613), la tradición judía extiende también esta ley al respeto de los jueces.

 

Sabemos en nuestros días hasta qué punto los jueces son expuestos a todo tipo de peligros y de amenazas cuando tienen la tarea de fallar sobre los criminales. La cólera de los detenidos así como de los miembros de sus familias se dirige la mayoría de las veces hacia los representantes de la ley y entre ellos, muchos reciben amenazas, maldiciones aún sufren violencias físicas que van a veces hasta su ejecución.

 

Es en el reflejo de esta ley que podemos comprender por qué ocurren tales cosas. Porque el juez no representa sus propias leyes. No es su propio interés que el criminal sea juzgado. Totalmente como en un tribunal terrestre, el sacerdote que representa el tribunal divino, no emite juicios con relación a sus propias ideas, según su voluntad o según sus deseos, sino según la ley de Dios. El juez sólo pone en práctica la ley de una constitución. Esta constitución, la escribió, aún no la aplica él directamente, sino la hace aplicar, simplemente juega un papel de mediador.

 

Así, toda rebelión, toda maledicencia, o amenaza que va contra una persona que conoce y representa la ley de Dios, se dirige por su intermediario hacia las Leyes y directamente hacia Dios el mismo.

 

Lo mismo ocurre en el Cuerpo del Cristo al nivel del espíritu. Como fieles nacidos de nuevo en quienes la Ley se cumplió por Cristo, es natural que el mundo exterior venga atacarnos y odiarnos. Aunque el mundo generalmente no sea consciente de eso, van en definitiva contra Dios. Esto naturalmente sólo vale si vivimos en su Voluntad y no según nuestra propia imaginación psíquica y religiosa.

 

La inmensa mayoría de los profetas de Dios fueron echados, exiliados, perseguidos y a menudo matados porque sus contemporáneos fallaron a respetar esta ley. Todos los profetas de Dios fueron unos hombres que aparte de su ropa, absolutamente no poseían nada. Estos profetas no tenían ningún interés en emitir los juicios que tenían que pronunciar. Una vida totalmente sometida y el despego completo del mundo eran las características de estos hombres que así fueron capaces de transmitir únicamente la Palabra de Dios. 

 

El estado muy confortable de la tolerancia, cuando nos ocultamos delante de los conflictos con el fin de evitar confundir la Ley de Dios a los hombres y las leyes de los hombres, excluyen todo funcionamiento en el seno del Cuerpo de Cristo.

 

Como miembros de este Cuerpo, tenemos que asumir esta senda difícil.    



Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo) 

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