Casarse sin amor ?
Yaakov, Orbán Béla
Muchos se preguntan: ¿El amor es necesario para casarse? Desde que el amor es un sentimiento explosivo, efímero, insensato y absurdo que se apaga tan rápidamente como se abrasa. No es necesario ser enamorado. Lo que es importante es la afección, ya que éste sentimiento no se difumina jamás…
¿Es verdad? ¿ El amor sería sólo un simple relámpago del alma?
Este sentimiento realmente ha sido bajado a un nivel puramente psíquico… Se trata de mucho más que esto...
Hebreos utiliza la misma palabra para amor y para afección: אהבה (ahava).
Esta palabra designa un estado estable y constante y no un sobresalto de corazón súbito y pasajero.
Pasa muy a menudo en la Biblia que Dios habla del Pueblo Elegido, de Israel como de su amor. La Canción de Canciones prácticamente habla sólo de esto.
El mundo deformó y degradó esta palabra. Lo hizo superficial, lacrimoso, temporal y ardiente.
Sin embargo el amor verdadero נפש-אהבה (ahava-nefes) que no es otro que el amor completo del alma, realmente puede ser constante, estable y provenir de Dios. Incluso, el amor verdadero no podría ser otra cosa. Cuando veo y acepto el otro tal como es, y lo/la amo de un amor verdadero… No hay ninguna nube rosa aquí. Veo el otro muy claramente. (¡ Dios tampoco no ve Israel ni quienquiera que sea a través de una niebla rosada!)
El amor se vuelve aquí a una forma de afección más profunda que no tiene nada que ver con estos experimentos emotivos superficiales que vemos estos días.
¿Si Dios Eterno ama a su pueblo de tal afección amorosa, entonces por qué no podría ofrecernos de vivir el mismo sentimiento? ¿Por qué no nos haría compartir esta sensación profunda de afección pura y amorosa?
Posiblemente hemos llegado aquí a un grado de afección que ya es el Amor…
Y amar su par de tal sentimiento es un don inmenso…
Muchas veces, el sentido de la palabra amor es confundido con lo de la expresión: Yo quiero…
La mayoría de las veces, la noción de amor es soló un sinónimo de amor propio.
Dios no sólo nos da, o puede darnos a un compañero o a una compañera, sino también tiene varios modos de llevarnos a reconocer nuestra media naranja.
La atracción, la resonancia con alguien, el deseo, la falta sentida durante su ausencia, la impresión de ser incompleto sin el otro son todos sólo los fragmentos de este reconocimiento. Sin embargo indican todos y nos hacen sentir que alguien es diferente para nosotros.
Habitualmente, los problemas empiezan cuando la carne interviene en primer lugar seguido de nuestras exigencias del alma. Cuando empezamos a elaborar la lista de las ventajas y de los inconvenientes que podrían proceder de la persona elegida.
Aquí vienen las falsas excusas como:
"Aprenderemos a querernos, el amor vendrá en su tiempo…"
Este tipo de pensamiento sólo testifica dos cosas: sea que la persona esta buscando a un compañero que satisface a sus exigencias, o es que se resigna a aceptar lo que hay, por falta de tener algo mejor y espera que lo que falta ahora sea colmado más tarde.
¡La vía más peligrosa hacia el adulterio y el divorcio empieza aquí mismo!
Cuando Dios da a un compañero, da un ser "completo" como la otra mitad de un otro ser "completo".
No es nosotros que debemos tallarnos, formarnos y ajustarnos uno al otro.
La persona nacida de nuevo arranca sobre el camino de la purificación y de la santificación.
Pues, no se trata de dar forma a quienquiera que sea a nuestra imagen, sino es mucho más un trabajo que se produce en las manos de Dios que da forma a un par para los suyos, independientemente de toda voluntad humana.
Un momento esencial en este proceso es la restauración de la identidad del hombre y de la mujer.
Luego debe llegar el momento cuando la Ley de Dios y el poder de Yeshua HaMashíaj se realiza en nosotros.
Pues, en ningún caso no son nuestros deseos ni nuestras exigencias humanas que nos forman por el medio de todo tipo de resignaciones y de compromisos. Tampoco es por la expansión de nuestro poder sobre el otro que una relación duradera puede desarrollarse.
Buscar su media naranja es una cosa muy importante, pero lo que importa más, es reconocer el Proyecto y la Ley de Dios que nos concierne personalmente como hombre o mujer. Primero, cada uno por su lado, luego a dos, como una pareja.
Si ya no hemos vivido esto, entonces es necesario arreglarnos bajo el poder de Yeshua: para que sea Él quien nos da a nuestro par y no nosotros que íbamos "comprarle" donde quiera.
Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo)
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