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Enseñanzas
Familia - Asamblea - Comunidad
¿Qué me ha pasado?
Mi identidad de mujer
Siempre tengo una sensación de recalentamiento en mi corazón. Trato de contenerlo en mí a pesar de su dulzura. Pero está tan obstinada que siempre acaba por salir a la superficie.
Hace ya un pequeño tiempo que me preparo para hacer una retrospectiva de estos algunos últimos meses pasados y a pesar de la alegría y la gracia contenidas en mi corazón, no tuve el coraje de recordar del gran número de acontecimientos que pasaron en mi vida estos algunos últimos años.
¿Que ha pasado?
La obra y el trabajo constante de restauración de Yeshua HaMashíaj (Jesús Cristo) se hizo una evidencia y una realidad en mi vida. Experimenté la conducta dulce y tierna de Dios. Aprendí a aceptar y a vivir las cosas elementales de la vida. Acepté mi identidad de mujer, el hecho de vivir en el seno de un matrimonio según la voluntad de Dios y el hecho de que un día, yo también seré una madre.
Satanás desgraciadamente me engañó durante años. En pensamientos, me proponía siempre cosas visiblemente más bellas, más atractivas y mejores. Las cosas comunes y ordinarias como el matrimonio y la familia absolutamente no me interesaban. Luego cuando he sido convertida, recibí las enseñanzas que concernían a la orden divina, pero todo esto me aparecía siempre como algo lejano que no realmente me concernieron y seguí rechazando estas realidades delante de mí sin querer aceptarlos. Por temor o por orgullo, no quería "ser ordinaria" como la gente. Me preparaba pues – cierto que solo teóricamente – al gran llamamiento, espiritualisando todo lo que oía.
Después de mi nacimiento de nuevo y a pesar de las murallas que encerraban mi alma, Yeshua HaMasíaj siguió su obra en mí por su Espíritu Santo de tal modo que empecé a sentir un dolor real debido a mi desorden interno. Tenía que rendirme, aceptar y comprender que nuestra vida entera es un ministerio constante y que en ese mundo partas arriba, las cosas más simples que parecen los más insignificantes – pero quienes son a pesar de todo gran cosas – ¡son los más importantes y más serios!
En una palabra, me di cuenta que había que VIVIR, y que la vida se compone por mayor parte de cosas pequeñas y comunes. La vida es hecha por acontecimientos comunes y con gente común. Es por Viviendo que debemos devolver el testimonio de nuestro Señor a este mundo ordinario. Y esto es nuestro deber a todos.
¡Sí!, hoy soy una esposa y ¡sí!, pronto seré una madre también. ¡Sí!, asumo el trabajo que debo en mi familia, que es asegurarle calor en el hogar y asumir la responsabilidad por los míos (los que ya son presentes, y los que todavía nacerán). Asumo la comunidad con mis hermanos y mis hermanas. Acepto tener sólo un pequeño papel que hay que jugar en el Gran Proyecto de Dios y de ser sólo una entre muchos así como en el Cuerpo del Cristo como en el mundo exterior.
Agradezco a Dios por este fruto que me dio por el medio de Su ministerio en mí: el hecho de poder llevar Su gloria y de poder ser Su testimonio en la edificación de otros.
Admiro a Dios, Su Verdad y Su Justicia – que no está como la nuestra, la de los hombres – admiro el hecho de que viva entre Su Pueblo y lo admiro porque a través de Yeshua HaMasíaj yo también puedo formar parte de este Pueblo. Y estoy muy contenta por eso, no porque lo merezco sino por amor por Cristo.
Siento alegría y gracia que nunca he sentido antes y que me da la fuerza necesaria para continuar hasta el mojón siguiente sobre la senda de mi vida.
Anna Sipos Szabó
15.01.2008
Traducción del húngaro: Richard Sipos Szabó (Zeev Shlomo)
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