.
 
 
Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.

Juan 17,17

 

¿Qué, pues, diremos? ¿Permaneceremos en el pecado para que abunde la gracia? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿Cómo viviremos Todavía en él? ¿Ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con él en la muerte, para que Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, Así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque Así como hemos sido identificados con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su Resurrección. Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea Más de él. Porque en cuanto Murió, para el pecado Murió una vez por todas; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también vosotros, considerad que Estáis muertos para el pecado, pero que Estáis vivos para Dios en Cristo Jesús. … Porque lo que hago, no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago. Y ya que hago lo que no quiero, concuerdo con que la ley es buena. De manera que ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que mora en Mí. Yo sé que en Mí, a saber, en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el bien Está en Mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo, sino el pecado que mora en Mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal Está presente en Mí. … Y si el Espíritu de aquel que Resucitó a Jesús de entre los muertos mora en vosotros, el que Resucitó a Cristo de entre los muertos también Dará vida a vuestros cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si Vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las Prácticas de la carne, viviréis.

Romanos 6,1-11 ; 7,15-21 ; 8,11-13

 

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no Está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Pero si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no Está en nosotros.

Hijitos Míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo. El es la Expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

1Juan 1,8-2,2