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El mensaje de Adviento

Yaakov, Béla Orbán

"Y parirá un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará á su pueblo de sus pecados.” (Mt.1,21) 


La historia del nacimiento de Jesús según el Evangelio de Mateo fecha de más o menos 70 después de J.C. De ese modo, es uno de los testimonios los más auténticos. Es más fácil para nosotros de comprender la revelación que fue hecha a María concerniendo la concepción, ya que el autor de este Evangelio debía conocer muy bien las costumbres y las tradiciones de los judíos de la época.  

En aquel momento, el nombre de Jesús era todavía muy derramado en el seno de la comunidad judía. Como cada época, ésa también tenía sus nombres favoritos que demostraban aspiraciones y deseos del momento. Otros nombres corrientes provienen de héroes que han cumplido grandes obras.  
Así como lo sabemos, antes del nacimiento del Redentor, el pueblo judío estaba bajo el poder del Imperio Romano, una colonia romana privada de sistema estatal independiente y dirigida por sacerdotes falsos y reyes, como Herodes y otros opresores oportunistas.  

La situación religiosa también reflejaba el desorden y las tensiones. 
Incluso Josephus Flavius nos devolvía la existencia por lo menos de unos veinte Jesús que han vivido en esta época, pero el Nuevo Testamento también nos habla de tres personas que han llevado este nombre. Todo esto prueba que el pueblo judío deseaba la liberación de la opresión de este período de la historia, y cada uno tenía en el fondo del corazón el deseo de tener por fin un Jesús salvador que tome el poder sobre el país y que libera el pueblo de toda dominación extranjera y tiránica que atonta el pueblo. 

Por esta razón esta revelación tenía que ser hecha antes la concepción, para señalar que el Jesús prometido no es el mismo salvador que lo esperado por el corazón de los hombres. En este paso de la Biblia, la declaración siguiente esta clara: " es él quien salvará su pueblo de sus pecados. " 


Hoy, más de 2000 años más tarde, en cualquier parte del mundo y alrededor de nosotros, el deseo de la liberación aumenta día tras día. Cada vez más gente querría la liberación de su situación de oprimidos y de ser liberados de las cargas que pesan en sus hombros. Es por eso que oímos cada vez más a menudo declaraciones como: " necesito libertad ".
Necesito liberarme de la rutina diaria, de mis deudas, de toda clase de poderes y de sus presiones. Las personas atadas y encadenadas sienten el mismo sentimiento que el sintió por el pueblo judío y el muchedumbre israelí de aquella época.  

El problema es lo mismo hoy que en aquella época. Ayer como hoy, todo el mundo desearía ver el cambio. Este deseo de cambio en realidad no es nada más que el deseo de escapar de las situaciones difíciles. Porque todas las situaciones no son nada más que el resultado de pecados que se relacionen uno a los otros y acaban formando un lazo que ate todo en el mundo y todo el mundo.  

Nuestra situación actual no es nada más que esto. La consecuencia natural de nuestros pecados personales y colectivos es que la Humanidad, nuestro pueblo, nuestra familia y nosotros mismos sufrimos y debatimos nos todos y todas. 
En aquella época, los dirigentes del país miraban sólo sus propios intereses y querían firmemente guardar su poder y en este fin, se doblegaban y se sometían cuerpo y alma a su Señor: el Gran Imperio. 
Los dirigentes religiosos apenas diferían de los de la gente política. Su objetivo principal también era mantenerse al poder y enriquecerse.  

La revelación del nacimiento de Jesús así como la esencia de su persona como Salvador y Redentor se ve aquí dar una definición totalmente opuesta a todo. 
Los profetas se callaban desde hace 400 años. La situación era insoportable y la gente esperaba el cambio.  

Esta revelación era todavía más, opuesta a los deseos de los hombres. Incluso esta una señal peligrosa para todos los que adquirieron sus poder por el pecado o los que lo ejercen ilegítimamente.  

Pienso que el Adviento actual se parece terriblemente a lo esperado en esta época, cuando la voz del ángel resonaba para anunciar esta revelación.  
No corresponde y no tengo por objeto juzgar o criticar el funcionamiento del "Grande imperio", ni de los dirigentes actuales. De mismo, no me corresponde tampoco quitar el velo sobre las espiritualidades de los Zelotes, de los Fariseos, de los Saduceos, de los liberales actuales y otras ramas religiosas de nuestra época.  

Ahora, en este período de Adviento, hay que declarar de nuevo: todavía hoy, hay una libertad, hay un Salvador, hay siempre una redención, el Redentor vive todavía hoy. El que trae bajo del poder de Cristo todos los que tienen el deseo de ser liberados de su situación.
Esto es siempre válido hoy: ¡no luchemos contra las consecuencias de los pecados, no queramos liberarnos de ellas! La misma cosa es válida para hoy como para aquella época. El hombre contemporáneo debe ser libre de sus pecados. 

Hoy todavía encontramos falsos Jesús nombrados a este título por ellos mismos o por otros. Ellos que sacan provecho de gente que quieren ser libres de sus situaciones y a quienes les proponen liberarles con una falsa autoridad al " nombre de Jesús " vendiéndose en un embalaje de " salvador à la Jesús ".  
Los que prometen el cambio de las consecuencias y de las situaciones y el buen giro de las cosas. Todas estas mentiras por los cuales no se produce ningún nacimiento de nuevo efectivo ni de cambio del Cristo en la vida de la gente que engañan así y que creen en ellos. La cura de la superficie y otros tratamientos superficiales de las síntomas bastan para aliviar el enfermo por un cierto tiempo, pero las luchas, la ansiedad y la servidumbre a los diferentes poderes revuelvan rápido y son rápidamente visibles de nuevo en sus vidas.  

La esencia del mensaje de Adviento para el cristiano de hoy es la obligación y la posibilidad de ajustar los pecados a causa de los cuales nuestras vidas, nuestras asambleas y la sociedad se encontraron en una tal situación. 
Por fin deberíamos hacer frente al hecho que Jesús no vino para realizar nuestros deseos. El Mesías tampoco no viene para liberarnos de las consecuencias de nuestros pecados. Deberíamos oír de nuevo el mensaje del ángel: nos libera de nuestros pecados. 

Habría que darse cuenta que la inmensa mayoría de los cristianos hoy esperan al mismo Jesús que los judíos de la época. El que arreglará todos nuestros errores y descuidos y todo lo que es difícil en nuestras vidas. Al que podemos hacer chantaje y dirigir con nuestras oraciones supuestas. Muchos no comprenden que habría que hacer el paso siguiente y más allá de Jesús, el paso que lleva hacia Cristo.

El mensaje de Adviento es: dios ofreció a la gente un Redentor que es capaz de liberar de toda causa del mal, un Redentor que quiere liberarnos del pecado. Nos dio un Jesús quién pagó nuestro rescate a todos y quién todos nos Salvó. Pero hay que comprender también que es el Salvador, el Redentor que vino para que como Rey Ungido, como Mesías, sea el Señor de nuestras vidas también. Es El que debe ser el Señor y el Rey en nuestras familias, asambleas, comunidades para poder todos ser miembros del Cuerpo de Cristo.  

¡Cumplamos el mensaje de Adviento!

El mensaje de Adviento es: Jesús libera, el Redentor salva del reino de Satanás para poder ser pueblo de Dios de nuevo bajo el poder del Cristo. Qué esto se haga realidad comenzando por arrepentimiento. Convirtiéndonos, aceptemos la redención y naciendo de nuevos, aceptemos el poder absoluto del Cristo.

Es el principio de esta integridad que la humanidad pudo vivir en Navidad, la que ha sido ofrecida a todos más tarde en Pascua como posibilidad íntegra e indivisible.  

¿Nosotros, que esperamos del Adviento? 
¿El mejoramiento de nuestra situación y de nuestra condición? ¿La disminución de nuestras cargas? ¿La ayuda de Jesús en nuestros proyectos y deseos?


¡Qué el mensaje del ángel se oiga otra vez! Su mensaje es lo mismo hoy para nosotros: tenemos la posibilidad de dejar y ajustar todos nuestros pecados, los antiguos como los reciente. Es el solo medio para nosotros y nuestros cercos, así como para el mundo de cambiar y de vivir en paz con los hombres como con Dios. 
Es así que podamos ver que las luchas vuelven paz, así como Lachum se hizo Beit-Lechem. Ya que Lachum era el nombre de un jefe-guerrero cananeo y es del nombre que la ciudad se hizo la Casa del Pan, Beit-Lechem (Bethlehem).

Si comprendemos el mensaje de Adviento, si ajustamos nuestros pecados, si realmente vivimos en toda cosa la redención y si ponemos nuestras vidas en las manos del Señor, Rey-mesías, los combates acabarán. No podemos más ser desobedientes. Porque en la Casa del Pan, podemos romper el pan cada días. Por el reino del Cristo, no es solamente nuestra Alianza con Dios que es reforzada y restaurada, pero también nuestra paz. Ya que el pan roto nos recuerda el sacrificio del Cristo y la Alianza de Paz entre Dios y los hombres. El pan roto diariamente no deja el pecado echar raíces de nuevos en nosotros, para paralizarnos, atarnos, y acadenarnos. La antigua esclavitud no puede más volver. Porque el Rey continúa liberando hoy todavía.  

El mensaje es siempre lo mismo: " es él quien salvará su pueblo de sus pecados. "
Así es como Navidad puede ser fiesta del amor y de la paz de Dios. 

¡Transmite este mensaje de alegría a otros!

 

Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo)

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