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Enseñanzas

 
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Amor cristiano y amor de Cristo
 
Yaakov, Béla Orbán
 
"Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor." (1Corintios 13,13 ) 

            El creyente refleja y pondera todos sus pensamientos y palabras, todos sus proyectos antes de pasar al hecho. Esta reflexión por su parte no puede efectuarse sino sobre la única balanza de las Leyes de Dios. El conocimiento de la Ley revelada no es más una cuestión para él y el deseo interno de enterrárselos más a fondo y someterse aumenta de día en día. Sabiendo que las Leyes de Dios no se suprimieron o se apartaron por la toma de poder del Mesías (Cristo) que esta sentado sobre el trono.

Estas Leyes se volvieron hoy en órdenes para el Cuerpo del Mesías (del Cristo). Entre estas Leyes, la más importante y que contiene en ella todas las demás, es la Ley del Amor. Es por ellas que Dios decreta la relación legal y fraternal entre los hombres, pero son también sus Mandatos (mandamientos)  que rigen la relación entre hombre y Dios.

Estas leyes también se resumen y se concentran en una única gran ley:

“Y Amarás a Jehovah tu Dios con todo tu Corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” (Dt.6:5)

La ley del amor de Dios contenido en las Leyes es el primero y gran orden…

La segunda que rige las relaciones entre los hombres es una ley hecha orden por la voluntad de Dios, que para nosotros es orden del Mesías, Rey ungido en Yeshua HaMasíaj:

“Y el segundo (mandamiento) es semejante a él: Amarás a tu Prójimo como a ti mismo.” (Mt 22:39)

Según las palabras de Dios y Yeshua HaMasíaj, que son siempre idénticas y a la misma voz, parece evidente que el amor no puede aprenderse o estar generado. El amor no es otro que el don de Dios, Él mismo, Él que reina hoy,  el Rey Mesías ungido, Yeshua HaMasíaj que vuelve.

Nuestro amor, no es nada más que vivir bajo la soberanía de la Ley hecha Orden, que hoy es la Orden de Cristo para los que Le pertenecen y los que Le son consagrados en toda cosa: la devoción al único Rey Cristo…

Por esta razón, es necesario conocer y aceptar la Ley divulgada para que nos juzgue y para que nos traiga al conocimiento de la verdad. La ley así que se ha convertido en orden o mandato, nos guía luego sobre el camino de Cristo para que por su juicio, nos haga descubrir la Gracia, la Redención y a la sumisión que no es nada más que el reino del Mesías en nuestras vidas: la Vida y la Vida Eterna.

El pueblo judío conserva cuidadosamente la Tora, la Ley promulgada por Dios desde milenios. A través del estudio de la Tora, el pueblo buscó y estudió escrupulosamente las Leyes paso a paso de donde nacieron diferentes categorías y subdivisiones, pero cuyo número siempre ha sido estimado por unanimidad a 613 por ellos todos.

¡Sería bien que estas Leyes sean consideradas según el acercamiento de Cristo para que pudiéramos enseñarlas como Órdenes reales a todos los qué desean observar las dos "Grandes Leyes" citadas más arriba!

Sólo así  nos será posible parar todo odio, todo amor falso o falta de amor entre hombres y entre hombres y Dios.

Es el único medio para el Cuerpo de Cristo (del Mesías) de reconocer las órdenes de la vida en Cristo:

Esta Ley, esta Orden, este Mandato, el Verbo que es Yeshua HaMasíaj de Nazareth Él mismo, Él que juzga y concede su bendición en nuestras vidas según la obediencia a estas Leyes.

Es primordial conocer las Leyes que se han convertido en Órdenes para poder vivir en oferta y para purificarnos y liberarnos de toda autoridad extranjera, de todo ídolo y para que el proceso de Santificación pueda convertirse en una realidad en nuestras vidas.

 

¿Somos capaces de amar realmente a otros humanos, según la orden divina?

Debemos hacer frente tan a menudo a este problema. Sobre todo cuando nuestros allegados (cercanos), nos acusan justamente de carecer de amor. Este tipo de acusación proviene siempre por el hecho de que la definición que los hombres tienen del amor está en estrecha relación con sus deseos de cumplir y de saciar sus pensamientos y deseos carnales y psíquicos (del alma).

Esta unidad de medida del amor, lo extienden para que posean, a las cosas y a las personas sobre los cuales tienen autoridad o que sus cuerpos y sus almas quieren, en una palabra, sobre todo lo que en sus vidas no está bajo la entera autoridad espiritual del Mesías (Cristo) y de los que hacen ídolos.

Puesto que la falta del amor divino es en cada caso un amor idólatra y en consecuencia fuente de pecado, el amor del hombre que comprende también el sentimiento del humanismo por supuesto, no es nada más que la legalización de los pecados para esconderse, permitiendo y admitiendo el pecado de los otros, haciéndose así  cómplices del mal.

Allí dónde hay tolerancia, el funcionamiento de la Ley es asfixiado y la Palabra de Dios es encarcelada.

Porque sin el funcionamiento de la Ley de Dios, no hay arrepentimiento, pues ni el Perdón ni la Gracia pueden tampoco funcionar.

En caso parecido, el proceso libertador, purificador y santificador de Yeshua (Jesús) también no puede continuar y volverse constante en nuestras vidas.

En lugar de esto, nos encontramos engañados por nosotros mismos en un espíritu de religiosidad regido por el humanismo donde solo los criterios son la moral y la ética.  En la inmensa mayoría de los casos, estas legislaciones falsas bastan sólo para establecer un statuquo, una apariencia de orden en la cual los hombres viven entre ellos sólo respetando sus intereses comunes e individuales.

Se retiran y se esconden detrás de barreras que han establecido ellos mismos para vivir allí en una paz falsificada que es en realidad solamente un alto al fuego provisional entre hombres y grupos de hombres…

 

¿El amor cristiano equivale al amor del Cristo?

Abordamos aquí el problema de fondo, la mayor fuente de conflictos. Estos dos amores no son los mismos. Se confunden sólo sobre ciertos puntos y tienen sólo ciertas semejanzas comunes.

La simple razón es que la cristiandad desde sus 2000 años de existencia ha falsificado arbitrariamente, suprimido y añadido sus propias leyes a las Leyes de Dios, y esto con el fin de reforzar, extender y mantener su propio poder, para hacer valer sus propios intereses.

No pasó de otro modo concerniendo a la Ley del amor.

El amor fraternal se convirtió en amor propio, amor de sus propios bienes, de su propia propiedad, amor de su propio interés con el fin de salvaguardar su autoridad, su soberanía sobre otros. El amor se convirtió en herramienta de refuerzo de poder dónde los soberanos han dado la orden de amar a todos sus súbditos haciendo así del amor una ley moral y ética.

Tantos "reyes", tantas leyes humanas, sociales, familiares, religiosas, clérigos y de asamblea aparecen, generalmente de origen Jezabel (la espiritualidad que quiere tomar el poder sobre la gente). Exigencias, deberes, reinos, jerarquías, autoridades nacieron y aún nacen en nombre del amor que en la mayoría de los casos no son más que el reino de un amor falso.

Un reino que puede parecer atractivo por añadidura, puesto que el "rey" concede incluso de vez en cuando regalos a sus súbditos.

Le concede falsas bendiciones, falsos cumplidos, falsas recompensas y medallas. Además, los reyes conceden también algunos títulos a sus súbditos.

Un feudalismo cristiano se desarrolla..., un orden vasallico se establece:

Esta orden es contrario al principio de igualdad y libertad de todos según el Orden Divino y que debería ser el más natural del mundo en el Cuerpo del Cristo.

La ruptura de la cristiandad con sus raíces judías también implicó la ruptura con la Ley de Dios. Este constante traslado de las Leyes de Dios que genera la ética y la moral cristiana señala también el traslado parcial, incluso total de la soberanía del Mesías (Cristo), el rechazo de algunas cosas, incluso su abandono disimulado, pero completo.

Aquí está la causa del estado de letargo y de muerte espiritual de la cristiandad hoy.

Los órdenes teológicas y dogmáticas actuales, las órdenes legislativas humanas aunque refiriéndose a la Palabra de Dios y a la Biblia, en muchos casos no están a pesar de todo de acuerdo con la Voluntad de Dios.

¡Así como puedan funcionar las órdenes humanas de la iglesia o asamblea y las tradiciones, los nuevos órdenes establecidos no serán nunca capaces de introducir la Vida y la modificación en la vida de alguien uno que substituye el reino del Mesías al de cualquier humano u otro ídolo!

Actuando de este modo, sólo establecen barreras corporales y del alma en el seno de las cuales se sienten muy confortables en comunidad con otros. Esta forma de compañerismo no debe ser confundida sin embargo en ningún caso con amor del Cristo que los miembros del Cuerpo del Mesías pueden sentir unos hacia otros y el cual es mucho más diferente de lo generado por los hombres.

Este amor es el amor de Dios:

El reino mesiánico de la Ley, de la Gracia y del Rey ungido cumplido en nuestras vidas. Un amor que nos lleva más allá de todo amor, de toda paz, de toda alegría y más allá de todo interés carnal y psíquico:

La devoción y la sumisión en Yeshua HaMasíaj de las personas nacidas de nuevo y su certeza de tener la vida eterna.

El Amor de Dios funciona en espíritu. Este Amor gobierna nuestra alma, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. Así los deseos de nuestro cuerpo se encuentran y se abren también bajo el poder del Espíritu del Mesías.

Es así que el hombre puede experimentar los dones físicos y psíquicos que Dios nos ha dado por amor, para amar; lo que el Dios de la Santa Trinidad ofreció a todos los hombres para el crecimiento del poder del Mesías.

Es el don que les ofreció a todos los hombres, pero que se encuentra sólo en los que han pasado del conocimiento del Dios Creador al conocimiento del Dios Todopoderoso y los que fueron más allá cuando ofrecieron sus vidas enteras al reino de Yeshua HaMasíaj que en Espíritu ya es el Dios Eterno.

Sabiendo que estos dones y estos talentos no se nos han sido consagrados para nuestro propio interés, sino para transmitirlos a otros, para aprovechar a nuestro Prójimo, debemos utilizarlos con el fin de ser de bendicion para otros.

De ese modo, todo lo que llamamos amor realmente es amor sólo si representan la Ley de Dios, la Gracia y el poder de Yeshua HaMasíaj

Cualquier otra ley, cualquier otro poder, u otro amor que ayuda al poder de alguien es en la mayoría de las veces una fuerza del anticristo que trata de sustituir, empañar, obstruir y suprimir el poder del Mesías (Cristo).

La raíz cristiana de esto (y no del Cristo) es claramente visible en el helenismo. Encontramos el helenismo hoy en las raíces del fariseísmo cristiano. Pues el tiempo vino cuando teníamos que arrancar la cristiandad de sus raíces paganas de una vez por todas y devolverla en su estado original, en una palabra para incorporarla al olivo franco, en la Raíz que ha sido dada a los judíos…

Este es el único medio para que se pueda conocer, comprender y vivir el Amor de Dios y para que como pueblo del Mesías (Cristo) vivamos en unidad y en un amor unánime en el Cristo.

Mientras quien quiera como pueblo de Jesús, es incapaz de vivir el poder total del Cristo y no es pues de hecho un miembro del pueblo de Cristo, seguirá luchando contra el Cuerpo del Mesías (Cristo) en muchos dominios.

El amor propio no tiene otro fin que de poner sus deseos y su modo de ver a otros. Así es como aparece claramente que el cuerpo y el alma estan en eterno conflicto con el espíritu. El cristiano que saca de las raíces helénicas greco-romanas y de otros pueblos paganos será siempre el enemigo del Cuerpo del Mesías, del Cuerpo del Cristo.

La raíz de los conflictos por su parte, se encuentra en las distintas definiciones, denominaciones y utilizaciones del término Amor o caridad.

El falso amor es siempre nocivo, juzga, maldice y condena. Esto lo hace infligiendo y haciendo obligatorio su propio pensamiento, sus propios principios, visiones, teologías y dogmas, en una palabra sus preceptos, sus morales y sus éticas humanas. Hacemos la experiencia de esto cuando vemos pretendidos cristianos, supuestas asambleas o comunidades que van a combatir otros clamando sus propias verdades o que se destacan y se aislan del otro defediendose de tener razón. 

El hombre de Cristo y la comunidad de Cristo por sus partes son los representantes del Amor verdadero.

Claman y devuelven el testimonio de la verdad, de la Ley y de la Gracia de Dios sin nunca reunir y jamás guiar a quien quiera bajo el yugo de hombres, de instituciones humanas o de otros ídolos.

El hombre de Cristo de hoy cumple un trabajo apostólico:

Revela, destruye los falsos poderes con sus falsas leyes y sus superestructuras principalmente en su propia vida, y allí donde recibe la orden por Yeshua HaMasíaj, el único Rey Ungido por Dios. Allí donde tiene una tarea dada a realizar, no sólo extermina la falsedad, sino debe constantemente hacer frente a las tentaciones, a las pruebas y a los ataques carnales y del alma y ser al mismo tiempo el guardia de los que se le confiaron para impedir a éstos de caer.

Qué el amor falso jamás aventaje y jamás rechace el Amor Verdadero, el funcionamiento del Espíritu del Mesías.

Él, que llama la atención y que conducirá en todas las verdades…

El funcionamiento del que enseña la Ley y las Órdenes de Yeshua HaMasíaj para que pudiéramos comprender y vivir el Amor de Dios.

 

Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo)

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