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¿Anticristianismo o misión apostólica?

 

Yaakov, Béla Orbán
 
Después la lectura de la enseñanza precedente, muchos podrían suponer que los judíos mesiánicos son un tipo de secta orgullosa, encerrada y destructora, presumida y anticristiana, y todo esto en nombre de Jesús.

 

Un tipo de organización sionista que intenta colocarse por encima de otros y por encima de la cristiandad en particular. Esto realmente es la característica de los movimientos del judaísmo mesiánico, sin embargo, esto no es válido en cuanto a los judíos mesiánicos (del Cristo), porque en este caso, serían incapaces de cumplir su llamamiento dado por Dios y no diferirían en nada de los que les atacan, les desprecian, les ponen trabas o tratan de asimilarles.

Para comprender mejor quienes somos, hay que volver a la historia de la Asamblea de Corinto.

Pablo llegó a la ciudad de Corinto en el año 48 de nuestra era justo después del concilio de los apóstoles y donde pasó 18 meses probablemente hacia la edad de 51 o 52 años.

Llegó en la ciudad solo, abandonado y ansioso porque la inseguridad reinaba en esta ciudad sucia y a bajo precio donde no había más moral ni ninguna ética a pesar de una vida mundana muy intensa que reinaba allí en ciertos medios elitistas.

Corinto era una ciudad helenista hasta en sus menores detalles donde una cantidad incalculable de culturas y de religiones estaban mezcladas.

Encontrábamos allí templos dedicados a los dioses griegos y romanos, estatuas en las esquinas de cada calles, religiones místicas proveniendo del Extremo Oriente, etc.

La filosofía también fue diversificada. La estatua de Diógenes testimoniaba la presencia del escepticismo y del cinismo, pero el espíritu de Pitágoras y de los estoicos estaba también presente.

Podemos imaginar lo que Pablo tenía que sentir allí como judío a la vista de tal grado de idolatría. 

Luego, encontró con una pareja de judíos, ciudadanos romanos desterrados y huyendo Roma. (Actos 18:2-3).

Fue después de este encuentro que la asamblea local compuesta de judíos que vivían en la diáspora, comenzó a crecer y a desarrollarse.

Aparte de Aquila y Priscila, sin duda habían allí otros judíos (mesiánicos y tradicionales) así como personas de origen pagano - esclavos franqueados – quienes estaban todos en contacto unos con otros.

Esta asamblea constituida más o menos por una centena de personas, es un buen modelo para nosotros hoy. Ilustra bien el modo en el que una comunidad mesiánica puede y debe superarse por la acogida de miembros de otros pueblos con los cuales los judíos deben formar una unidad inseparable donde Yeshua HaMashiaj está en el centro de todo y ejerce allí su poder.

Se trata de una asamblea donde el llamamiento y la misión que hay que cumplir pertenece a los judíos. A ésos vienen para juntarse totalmente los que han sido purificados de su pasado pagano-cristiano de idolatría quienes  se reunieron a los judíos con el fin de ayudarles en su llamamiento y en la realización del Proyecto de Dios como hermanos en Cristo. 

Dios envía todavía hoy a personas como Pablo en aquella época corintia, encargados de un ministerio apostólico. El fin de este ministerio es la restauración y el restablecimiento de las comunidades cristianas para que estás sean también capaces de cumplir obras apostólicas más tarde.

Por eso, Dios crea contactos entre los judíos para que esta obra arranque bajo el poder de Yeshua HaMashiaj y por mediación de los judíos mesiánicos.

Da luego ״esclavos franqueados״, es decir Gentiles nacidos de nuevo y excluidos de su propio pueblo, para ayudar a los judíos como hermanos en Cristo, en el Mesías.

Estos hermanos viven juntos, tal una gran familia, en el seno de la misma comunidad cuya obra y llamamiento es transmitir todo lo que recibieron de Dios a través de los judíos mesiánicos a los otros pueblos de dónde vienen ellos mismos.

En otros términos, cuando estos Gentiles se encuentran incorporados a las raíces del olivo franco, se hacen de golpe los actores y los instrumentos del injerto de otros paganos. Totalmente como un judío se entiende mejor con un otro judío, los miembros de otros pueblos se aceptan y se comprenden mucho más fácilmente entre ellos. Así Dios sabe utilizar más eficazmente a sus niños en el seno del pueblo a quienes pertenecen, en sus propios medios. 

Podemos pues decir que los judíos mesiánicos no constituyen una secta, un corriente o un movimiento nuevo. Sino se trata mucho más de un grupo de personas sometidas a Dios y a Su Proyecto inicial que consiste en restablecer la orden y el mensaje original del Señor.

No somos nada más que los utensilios de la gran restauración apostólica de los tiempos últimos.

El Injerto y el Injerto de nuevo no se hace en una raíz nueva, sino bien en el tronco y en la raíz original que garantiza así una vida nueva.

La obra verdadera y apostólica o de restablecimiento, es el testimonio profético de Dios por la misma ocasión. Porque Dios hizo la promesa del Injerto y del Injerto de nuevo. Según la misma promesa, Dios nunca dejará morir la raíz cortada del árbol.

La revitalización de los judíos, así como la de los Gentiles del Cristo puede producirse sólo de la manera siguiente:

En tiempos "corintios", Dios envía a judíos hacia los judíos otra vez para que primero se cumpla la promesa del Injerto de nuevo.

Pablo también siempre empezó todos sus ministerios en las sinagogas, entre los judíos.

- luego, Dios les ofrece a sus servidores apostólicos, unos "judíos esparcidos" y rechazados por todos. Estos judíos que se encontraron lejos de Jerusalén y quienes también son rechazados y oídos por Roma.

La comunidad espiritual y el individuo judío destinados a cumplir esta misión apostólica serán muy rápidamente los testigos y los actores de la realización de las profecías: cuando a través de la unión con los "esclavos franqueados", la puerta se abrirá hacia la obra apostólica en el seno del cristianismo pagano y en el seno del paganismo cristiano.

Esta obra se extenderá más tarde porque se relaciona con una otra misión: la evangelización. 

¡Para que seamos capaces de comprender y aceptar el llamamiento de los judíos mesiánicos, absolutamente hay que darnos cuenta que Pablo tampoco nunca fue un misionero evangelizador!

Durante su camino, no hizo nada más que levantar el testimonio del Mesías frente al helenismo y contra otros corrientes filosóficas y místicas o de religiones paganas. Sólo repitió y defendió la Voluntad del Eterno y la continuidad de la Ley. Su ministerio fue mostrar y declarar de nuevo los testimonios, las profecías y las promesas del Eterno.

Pablo no era fundador de iglesia, sino el restaurador y el purificador del funcionamiento triple y simultáneo de la Torah (Leyes), de los Libros Históricos (Testimonios) y de los Libros Proféticos (Profecías), así como el anunciador de los testimonios del Mesías.

No construyó asambleas tampoco él mismo, sino recibió ayudadores, hermanos que vivían en el mismo espíritu que él, por el tiempo de sus diferentes estancias a través de Europa y Asia menor. Dios le abasteció estos ayudadores porque ningún ministerio puede funcionar sin la ayuda de hermanos y de hermanas que viven en el mismo Espíritu que nosotros. Un ministerio privado de comunidad fraternal jamás se pondría en marcha o no sería que efímero todo lo más.

Cuando Dios condujo los pasos de Pablo hacia otras regiones, la comunidad que el día sobre sus rastros así como la asamblea entera en la cual laboró, continuaron viviendo de manera autónoma después de la partida del apóstol. Vivieron sin Pablo pero guardando el contacto con él, a menudo apelando a sus consejos apostólicos que aceptaron y pusieron en práctica. No fue más sus doctor ni su pastor, pero un hermano que a veces jugaba el papel de consejero. 

Porque por más intenso que pueda ser en comparación con otros ministerios, el ministerio apostólico no puede en ningún caso asociarse con otros. Porque en este caso, el ministerio apostólico se confundiría con proyectos humanos de construcción de iglesias.

Lo mismo vale por el ministerio profético. Porque éste puede fácilmente basarse en  deseos, proyectos y intereses humanos en beneficio de iglesias, de pastores o de asambleas.

Los judíos mesiánicos forman parte integrante de la obra de restauración de Dios y son predestinados a eso. Por eso, es imposible que constituyan un cualquier movimiento o clero ni que obren al lado de una iglesia cualquiera. Ellos soló pueden vivir y laborar espiritualmente independientemente de toda cosa y del mundo, manteniendo una relación constante y superficial con el resto de la comunidad judía. Por otra parte, esta independencia espiritual está muy a menudo poco o mal comprendida, y mal vista por muchos cristianos.

La Alianza de Abraham así como los lazos de la sangre que nos relacionan a los otros judíos sacan su fuerza en la espera común del Mesías y del cumplimiento de las profecías. Este lazo es indestructible y es una obligación para nosotros. Esta relación, también la mantenemos con los Gentiles que viven en obediencia al Mesías / Cristo.

La obra apostólica restauradora arranca hacia las masas religiosas idólatras pagano-cristianas y carismáticas principalmente através de estos "esclavos franqueados" de los otros pueblos: los gentiles nacidos de nuevo viviendo en comunidad espiritual y colaborando con los judíos mesiánicos.

Principalmente en efecto, porque existen unos judíos mesiánicos que vivieron más o menos mucho tiempo en el seno de tales asambleas idólatras religiosas y carismáticas, o en el seno de iglesias pagano-cristianas tradicionales antes de haber vivido esta obra apostólica ellos mismos cuándo sus vida fue reintegrada en su buen sitio. Estos judíos tienen mucho conocimiento concerniendo a estos medios y mantienen a veces todavía algunos relaciones con los miembros de éstas iglesias y asambleas.

Dios sabe utilizar estos conocimientos y sus relaciones con el fin de llevar a cabo su obra apostólica y profética.

Sin embargo, la característica principal de estas relaciones es que la inmensa mayoría de ellas mueren dentro de poco tiempo. Una ínfima minoría de ellas sobreviven a pesar de todo y se refuerzan cuando los nuevos esclavos empiezan a buscar sus sitio, sus comunidades y sus camino hacia la libertad.

En lo que precede, hablamos de los ataques de la cristiandad contra los judíos mesiánicos. Pienso que puede tener allí confusión en este caso también si alguien confunde la palabra cristiana (que quiere decir perteneciendo a una iglesia o una confesión terrestre) con la expresión de Cristo que es una identidad espiritual estable.

Las expresiones de judío mesiánico y de Cristo son sinónimos.

Se trata de la denominación de ambas partes del cuerpo del Mesías, la parte judía y la parte gentil que tienen ambas un valor igual, pero un llamamiento y un papel diferente.

Estas dos partes nunca luchan entre ellas desde que el Espíritu del Mesías es uno y no puede ser dividido.

Sin embargo, las iglesias, las asambleas y los fieles de la cristiandad son rellenados por las síntomas de las enfermedades sobrevenidas en Corinto en la asamblea que nació del ministerio de Pablo y de sus amigos judíos. 

No deseo redactar otra vez la lista de todos estos síntomas que son al mismo tiempo el diagnóstico triste del estado actual de las asambleas y de sus dirigentes.

La situación hoy esta totalmente ״corintísima״. Los espíritus se reavivaron y posible que nunca han desaparecido.

Es el helenismo - las raíces grecorromanas - que alimentan y hacen vivir la cristiandad. Así la cristiandad esta gravemente idólatra, rellenada por filosofías, por teologías, por dogmáticas y otras falsedades. Además, el misticismo proveniendo de lejano oriente viene también para mezclarse al carismatismo creando así nuevos mutantes espirituales. 

¡En el seno de esta cristiandad "moderna" tan alejada de sus raíces judías originales y que se alimenta vía otras raíces extranjeras, muchos son los qué no se dan cuenta hasta cuánto se parecen a los discípulos de Apolos, de Cefas y de Pablo quienes nunca realmente eran los discípulos de Cristo!

En este desorden, Dios envía de nuevo algunos según su Promesa con el fin de restablecer la orden y de realizar un ministerio apostólico.

Dios ya separó un pueblo desde tiempos muy antiguos en los ojos de los cuáles la idolatría siempre fue una práctica aborrecible.

Un Pueblo que guardó la Ley Revelada por Dios, a menudo a pesar de él y principalmente en su corazón.

¡Además, el judío rechaza toda otra ley o las respetan sólo por fuerza!

Existe también un Pueblo en el seno de este Pueblo y que forma parte integrante con él:

los judíos mesiánicos.

Nosotros, que llevamos la Ley en nosotros, grabado y preservado en nuestros corazones, habiendo ya reconocido a Yeshua HaMashiaj: el Amor y la Misericordia de Dios que ejerce el poder absoluto del Eterno.

Así como lo fue con Pablo en otro tiempo, nos incumbe hoy el deber de divulgar todo esto de nuevo. Nuestra misión apostólica consiste en descubrir y en destruir toda mentira y toda impostura para testimoniar a todos del original. Nuestro deber es pues mostrar el camino hacia el restablecimiento de la orden inicial, la verdadera renovación que no es otra que la restauración de lo que es el más antiguo.

La comunidad judía mesiánica pues cumple la misión apostólica para la cual ha sido enviada.

No se construye un nuevo imperio y no cava los fundamentos de un nuevo edificio humano que acabaría por agotarse tarde o temprano y para ser conquistado por un espíritu extranjero como esto fue el caso cada vez en el curso de la historia.

A ejemplo de Pablo y de sus colaboradores espirituales, no nos escogemos tampoco terrenos fructuosos, cubridos por éxitos y gloria, sino obedecemos simplemente a Dios nada más. En esta misión de renovación del antiguo, jamás podremos ser ni instrumentos ni colaboradores a la construcción de edificios humanos porque no somos para vender.

Nuestra reunión a este tipo de institución marcaría el fin de nuestro llamamiento y se proseguiría por nuestro juicio por fornicación. 

Podemos sólo dar y enseñar la base sobre la cual los individuos, las asambleas así como el Cuerpo del Mesías en general puede (re)construirse.

Así, todo lo que podemos dar debe obligatoriamente ser en simbiosis perfecta con la Palabra de Dios, es decir con la Ley Revelada, con los testimonios de Dios y de Cristo así como con todas las promesas y las profecías. 

Nuestra recompensa es la misma como la de Pablo y de otros apóstoles.

Pablo fue atacado por los judíos fariseos así como por los miembros de la asamblea infectados por el helenismo y otras espiritualidades malsanas.

Por supuesto, desde que enseguida aparecen enemigos cuando una obra apostólica empieza como cada vez en la historia cuándo Dios inició las restauraciones de Jerusalén.

Cuando el "puente mesiánico" se construye, es natural que los ataques y las tentativas de asalto se intensifiquen como en el caso de todas las otras guerras descritas en la Biblia. 

Pues, nuestro llamamiento no está simplemente muy importante y una de las etapas más decisivas en la realización de las profecías, sino está también muy peligroso.

Pablo tampoco se iba en Corinto o en otros lugares esperando de lograr un cualquier éxito.

Se fue en perfecta sumisión y con una fe capaz de entrever la realización de las promesas.

No sólo vemos las profecías porque las conocemos, pero  también porque las vivimos desde millares de años. Esto refuerza nuestra fe así como los testimonios de Dios. 

Los miembros de la asamblea corintiana que hoy no existe más, jamás profitaron de los frutos de sus ministerio.

Todos los hechos que podemos leer sobre ellos en las epístolas demás son tantas advertencias para nosotros viniendo de Dios:

Dios nos cuenta sobre la edificación, los espíritus destructores y la misión de los fieles y de los apóstoles. El amor muy particular de Dios se manifiesta sin embargo cuando algunos de nosotros ocasionalmente son autorizados a percibir los frutos del ministerio y del llamamiento apostólico de los judíos mesiánicos.

Este fruto no es otra cosa que la visión del Cuerpo del Cristo que se restablece y se refuerza sobre las nuevas bases del antiguo donde se reaviva para esperar la vuelta del Mesías cuando el Esposo vendrá para tomar a la esposa.

Dos cosas más para acabar:

Cuando las tribus magiares (los antepasados de los húngaros) hicieron su entrada al valle de los Cárpatos hace más de 1000 años, una tropa bastante particular de exploradores les estaba adelantado.

Este equipo no era húngaro de origen sino adelantaba el pueblo magiar para abrir la vía a las tropas que marchaban por detrás.

Se trataba de una milicia constituida por judíos.

Ellos ayudaron a la conquista húngara en otros dominios también.

Estos judíos tomaron también una parte activa en la instalación del pueblo magiar en el valle de los Cárpatos ayudados por otros judíos ya presentes en la diáspora europea como ciudadanos romanos y con los cuales estaban en relación. La colaboración de estas dos comunidades judías jugaba un papel determinante en el establecimiento del pueblo húngaro en el corazón de Europa.

Hoy, a las aurora de una nueva partida, la situación esta exactamente la misma. Debemos reconquistar el Reino del Mesías.

Nosotros, judíos mesiánicos somos exploradores adelantando a otros. Delante de nosotros, nos esperan nuestros ״viejos familiares״, estos judíos que jamás se volvieron romanos ni eslavos ni hunos ni los miembros asimilados de ningún otro poder espiritual cristiano de algún tipo.   

En este papel de "puente", no podemos ver ningún fruto, ninguna recompensa, ninguna remuneración.

En otro tiempo, podía ver el Danubio y el puente Erzsébet (Isabel) desde la ventana de mi apartamento en Budapest.

Era prácticamente imposible evaluar la medida y la importancia del servicio devuelto a la ciudad por este edificio. El flujo constante de coches pasando de un lado al otro simbolizaba la unificación de ambas partes de la ciudad (Pest y Buda), pero juntaba también ambas partes del país, la mitad oriental por mitad occidental. Además, este puente hasta era el símbolo de la conexión entre la parte occidental y oriental de Europa. Pero sin que se dé cuenta nadie juntaba posiblemente aún mucho más que este. Más allá de las fronteras del viejo continente: representa también la unión entre el mundo occidental y el mundo oriental entero.

Este puente todavía aguanta, implacable, siempre cumpliendo su papel a pesar de ser un poco gastado y oxidado.

A veces algunos que se ocupa del puente le reparan y le curan porque desean establecer y mantener un contacto con los habitantes de la otra orilla. 

Nosotros, judíos mesiánicos, nos construimos.

Nos construimos en el Proyecto de Dios, en el lugar donde nos colocó y estamos esperando a los recién llegados.

Porque el flujo de circulación no es el interés del puente mismo, sino mucho más de las personas hacia las cuáles ofrece su espalda en toda humildad para poder circular libremente. 

En cuanto a nosotros, sólo nos inclinamos en humildad delante de Dios y delante del poder de Yeshua HaMashiaj.

¡Ningún conquistador nunca será autorizado más a pasar través de nos!

No importa como intentan tomarnos por asalto o hasta hacer saltarnos, siempre quedamos estables sobre nuestras posiciones hasta que ambas orillas se unan definitivamente.

Lo hacemos porque hemos recibido esta visión a través de nuestra fe. Además, nuestra obediencia a Dios no es otra cosa que el cumplimiento de las profecías.

Somos pues un puente invisible que jamás puede ser en sí ni el destino ni la propiedad de quienquiera. Sólo podemos ser un puente a través de que pueda soldarse el Cuerpo invisible del Cristo por la unificación de los gentiles y de los judíos que ya han aceptado a Yeshua HaMashiaj.

El Puente Invisible es espiritual y funciona por el medio de los dones del ministerio.

Esta obra puede también alcanzar el alma, provocando así cambios en las mentalidades, los sentimientos y el pensamiento de la gente.

Este puente es peligroso para Satanás y lo ataca en consecuente en espíritu para que la cristiandad no pueda cambiar en alma.

Es probable que en alguna parte, ciertos elementos del puente recaigan al nivel del alma en lugar de edificarse y crecer en espíritu porque los agresores de hoy, como aquellos de la época de Corinto intentan sacar ciertos eslabones con vistas a debilitar la totalidad del monumento.

 

Sin embargo, Dios construye Él mismo a los judíos mesiánicos. Así sólo los eslabones extranjeros o los que no tienen allí su sitio son susceptibles de ser sacados…

Budapest, el 5 de noviembre de 2008

 
 
 
 
 
 
Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo)
 
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