Muchos me preguntan:
¿Por qué los judíos no pueden movilizarse con la cabeza descubierta?
¿Por qué un judío siempre debe llevar sobre la cabeza una kipá (solideo) u otra cobertura, tan pronto como pone el pie en algun lugar dónde hay judíos?
Me dicen que no encontramos referencia alguna sobre esto en la Torah ni en alguna parte en la Biblia.
¡Pero sin embargo, esto se puede encontrar en las Escrituras!
Quien así lo desee, puede darse cuenta de esto leyendo el versículo citado en Éxodo 19:14, que dice:
« Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo… »
¡No le está permitido a un judío entrar en un lugar santo sin cubrirse totalmente, como le fue prohibido a Moisés, de bajar hacia el pueblo con la cabeza descubierta!
El que va entre judíos debe respetar este estado de santificación vigente todavía hasta hoy.
La persona que es judío en cambio, ¿Qué hace entre los no judíos?
Además, ¿Cómo podríamos saber si alguien ha sido santificado por Dios o no?
Te cubres y te descubres según la temporada y tu estado de humor. ¿No estarías así infringiendo la Ley de Dios inconscientemente?
Por lo anterior y para finalizar:
Si eres judío, estás siempre en la presencia de alguien que ha sido santificado:
¡Tu mismo!
¿Si no llevas algo sobre la cabeza, entonces puede ser posible que no aceptas tu propia santificación, la cual te pertenece todavía hoy, por el ministerio de Moisés y por la voluntad de Dios?
………........
Para volver a ser un poco más serio:
¡Llevar una kipá (solideo) o un sombrero es solamente una tradición antigua que data desde hace algunos siglos y realmente no es bíblico!
Porque fue el mundo cristiano quien impuso a los judíos encerrados en guetos, el tener que distinguirse llevando un signo visible (generalmente de color amarillo) en los trajes o cubriéndose la cabeza.
En una palabra, esta cristiandad no aceptó el llamamiento del Pueblo Elegido e incluso francamente deseaba aislarlo.
Así, la obligación de llevar signos distintivos que ellos nos infligieron termina por volverse contra ellos mismos:
Fue justamente a través de estos signos deprimentes y humillantes que la santificación hacia Dios, por parte del Pueblo de Israel, se volvió visible.
Las primeras líneas de esta enseñanza fueron destinadas a hacer sonreír al lector. Lo siento mucho si por otra parte esta sonrisa se va a petrificar en la cara de algunos después de leer mi mensaje.
- Porque hay muchos que mienten declarándose ser judíos y tratan de santificarse ellos mismos por ponerse todo tipo de símbolos judíos en la cabeza o en la espalda para cambiar su apariencia. Estas personas no cometen nada más que el pecado de la mentira negando la identidad que les ha sido dada por Dios.
- Hay también mucha gente que distribuye arbitrariamente la identidad judía a otros, volviéndose así los cómplices y las armas de la muerte espiritual de sus víctimas.
Seguro que me quito el sombrero delante de estos pobres (según la tradición cristiana) porque no se puede quedar la cabeza cubierta en presencia de los muertos.
Efectivamente, la muerte espiritual no tiene nada que ver con el Santuario (el Pueblo de Dios y el Cuerpo del Mesías) y no existe en ninguno de los casos el lugar de la santificación.
- Puedo sin embargo advertir acerca de los otros (los que son de origen judío):
Pon tu kipá, tu sombrero, porque Dios te santificó, y tu santificación y tu elección deben ser aceptadas, vividas y visibles para todo el mundo.
A pesar de todo, esta corta escritura tomará aquí un giro diferente:
Cuando rezas o cuando escuchas la Palabra de Dios: ¡Quítate todo lo qué te recubre la cabeza!
Porque las palabras de la Biblia no conciernen a los signos externos que puedas llevar, sino más bien de la diadema del Gran Sacerdote. Esta corona que Él fue el único destinado para poder llevarla cuando se prosternó ante Dios.
La comunidad judía no tiene y no puede tener actualmente ningún gran sacerdote legítimo que la representaría delante de Dios, desde hace más de dos mil años.
Pero todos nosotros tenemos a pesar de todo, un Gran Sacerdote único, delante del cual podemos presentarnos para que Él sólo traiga nuestras oraciones, demandas, dones, ofrendas y nuestra gracia delante de Dios. Pues existe alguien que cumple el ministerio sacerdotal de manera definitiva e inmutable para nosotros y para todos los hombres hasta la eternidad. Su nombre es Yeshúa HaMashíaj (Jesús el Mesías).
Entonces pues, quítate tu corona falsa y sacerdotal y prostérnate ante el Rey Ungido, con la cabeza desnuda, en humildad y en sumisión.
La gran mayoría de los judíos todavía no saben quién es Él. Todavía esperan la reconstrucción del Templo así como la restauración del orden sacerdotal y la entrega, de nuevo, en servicio del gran sacerdote.
Es también a causa tuya que ellos son incapaces de reconocerlo, porque llevas tu diadema falsa que simboliza el poder y la autoridad que te otorgas. ¿O es también porque aceptas y voluntariamente te colocas bajo poderes de sacerdotes falsos, de falsos grandes sacerdotes, de hombres que han recibido simples unciones de otros hombres y llevan coronas falsas cuyo poder funciona contra Yeshúa HaMashíaj?
El día en que estos impostores acabarán por arrodillarse con la cabeza descubierta delante del Gran Sacerdote, los judíos también no deberán llevar ningún signo distintivo más.
Aquél día muchos judíos quitarán sus kipot (solideos) y sombreros y se prosternarán no ante las iglesias cristianas, sino mas bien ante Yeshúa HaMashíaj y le aceptarán como su Gran Sacerdote, Mesías, y Rey que les regresará hacia el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.
Esta corta enseñanza es portadora de dos mensajes al mismo tiempo:
¡ponte el sombrero, … y quítalo!
Traducción del húngaro: Richard (Zeev Shlomo)
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